Despierto por curiosidad.
A veces de mí, a veces del mundo,
frecuentemente del azul.
Poesía
El mundo y yo
El mundo se aleja y sus pasos son las manecillas del reloj,
el mundo se aleja y su caminar lleva años por nombre,
el rostro de los años son recuerdos; un punto de partida.
Parece estar inerte, pero seguimos su alteración sin conmoción.
A lo lejos
Escribo cuando me miro del otro lado,
cuando conozco el nombre de lo que siento.
Soy pregunta y respuesta,
quizá no del mismo enunciado,
buscando darle cuerpo al pensamiento.
De otra forma, el olvido las abrazaría,
cuando no quiero regalarlas a la nada.
A lo lejos
No quiero que el adiós entre por la ventana,
ni por la puerta si eso logra brindar más claridad.
Vivo en un intento sempiterno de no ser recuerdo,
la ausencia marca el compás de mi melodioso respirar.
Prefiero ser intento que reflejo, palabra que pensamiento,
una huella antes que el olvido mismo volcado al infinito.
De vez en cuando
De vez en cuando mudo-enuncio
porque no sé resignarme
a parecer no existir.
Aquella ventana fue mi juventud…
Mis fugitivos sueños,
tan remotos como eternos,
definitivos pero huidizos
salían de nuestro hogar
como gatos sigilosos
para disfrutar el cielo mirar,
y mi viejo jardín abrazar.
El reloj marca el compás,
el cielo baila a su ritmo,
es hora de hacerse añicos,
no importan horas pasadas;
es momento de romperse
y esperar algún mañana
en que las piezas encajen;
rompecabezas de cristal.
En la cima
Un placer ser un espejo,
cuando no quiero ser cristal
porque sin querer te muestro
de frente el cercano final.
Por si acaso
“No puedes vivir para un futuro que no sabes si algún día llegará”
Leo porque no sé lo que siento y necesito que alguien me lo diga.
Quiero encontrarme y mi propio ser no me basta
sino para desencontrarme con el exterior
y mirarme alejada de quienes creen que la verdad no existe
y tanto más de quienes creen que todo es verdad.
No sé decir
Puntos finales escribo con frecuencia,
pero en realidad no sé decir adiós.
Creí haber aprendido,
logré engañarme.
No tengo forma de hacer versos
que no sean incompletos,
como yo.
Tampoco puedo hacer más
que pequeñas historias
porque no quiero encontrar un final
para lo verdaderamente vivo.
Y cada pequeñez
que termina apenas comienza
no parece doler.
No se siente el tiempo
en una postal
como en una carta,
mucho menos en hojas
distantes en las que todo
sucede y cambia.
No se siente el tiempo
en palabras cotidianas,
hasta que las desconoces,
hasta que ellas mismas desconocen
tus labios y su esencia
porque para ti no significan nada.
Me escucho
En el primer instante de silencio
me deshago.
Se acerca la noche y no hay presencia
si no la de un grillo ruidoso,
lo más constante del instante
con el viento maltrecho de fondo
alejando el habla.