En un breve guiño a la semana pasada,
pesada, a las horas guardadas,
a los días perdidos, partidos,
al cuerpo transitando sin rumbo
porque no puede ir a ningún lado,
porque si pudiera no querría ir,
surgió…
Poesía De Hace Unos Años
Entonces se va
A veces solo hace falta despojarte de todo,
sentarte en la cama en silencio
y que una mano ajena,
sin la mínima idea de lo que piensas,
acaricie tu espalda.
Entonces las lágrimas llueven
y la sensatez se vuelve ilusoria.
Entonces la soga invisible
que te ahorca todo el día
parece irse.
Del adiós
Para una nueva noche, un nuevo poema,
aunque se me olvidaran las palabras,
volverán mañana; serán otras, como yo,
pero vendrán a susurrarme el disfraz
de los silencios que me apropio.
“¿Por qué vuelves siempre al adiós?”
Porque hay adioses que te acompañan
a todas partes, van contigo aunque no quieras.
Les cierras la puerta y piensas dejarlos
pero se adhieren a tu espalda y cierran,
contigo, las puertas del olvido.
“¿Cuál ha sido el peor adiós?”
El peor pudo ser el más breve o el más largo;
los adioses más dolorosos son los que no se dan,
la vida los dicta y cual títeres hacemos suceder
sin rastro ni destino de quienes vamos a ser,
sin idea remota de cuánto durarán,
sin saber que al recordarnos diremos “oh, eso fue un adiós”.
Hace tiempo
Hace tiempo que el café no es ya reconfortante.
Hace tiempo, también, que el viento no besa mi rostro,
mi rostro, que no besa las calles ni árboles,
hace tiempo que no admito no encontrar oxígeno.
A veces parece
A veces parece que nada en el mundo es tuyo,
que la sonrisa solo existe si son otros quienes la piensan,
que no hay un “yo”. Parece que el dolor debe ser mudo
y lo único que queda es el silencio.
A veces parece que es el último día de todo
y ni siquiera el posible descanso es un alivio.
¿En dónde decidí odiar el tiempo y mi propia voz?
¿Todavía era yo o ya estaba escondida en mi silencio?
Ojalá pudiera ser yo sin volver a comenzar.
Ojalá no pesara tanto levantar las comisuras
de los labios,de los prejuicios, de los miedos y del porvenir.
¿Hace cuánto que no existo? ¿Por qué lo habría de saber?
Si las lágrimas responden, ¿puedo preguntar otra vez?
De ello no quiero certeza, no espero ni siquiera
una razón, tampoco gano algo preguntando,
pero mi ceño fruncido se ha agotado
de ocultarse en mi habitación.
Una termina escribiendo
Una termina escribiendo porque se queda sin oídos,
sin brazos y sin empatía que le escuchen.
Termina escribiendo porque apenas el papel tolera sus ideas,
porque la pluma se desgasta a la par de la voluntad de existir,
porque el texto se queda en algún lugar
aunque a veces se olvide,
como los sentimientos en el alma.
Una termina escribiendo porque empieza a bajar la voz,
empieza a entender que no puede defenderse fuera
de sí más que consigo. Y empieza a escribir
porque no enmudece de ideas ni de sensibilidad,
porque aunque quisiera ignorarse, no puede.
Una termina escribiendo porque vive en la agonía
de su eterna compañía, de ser como es,
de pensar como piensa y querer intentar algo distinto.
Termina, empieza y vive escribiendo
porque no hay otra forma de vivir la soledad
más que abrazándola ni de alejarla, más que
dándole un cuerpo, con orejas y brazos y empatía
de papel y tinta.
A(penas)
El frío a veces escapa de las manos
se mete y desliza por la espalda.
A veces nada reconforta,
a veces sólo sabes llorar,
a veces apenas existes
y el “apenas” duele.
Si supieras que te imagino en los otros,
que no hay un recuerdo tuyo
porque decides cambiar y lo
que me quedo son tus nuevas miradas.
La mujer que conoces
La mujer que conoces no siempre fui yo.
La mujer que amas es un conjunto
del pasado que te cuento y las personas
que borrarías de mi vida, incluso quienes yo.
Lo suficiente
Lo que vivo no es horrible,
sólo suficiente para darme cuenta
de que un hueco en el corazón se cubre fácil
e igual de fácil se hace más grande,
que el amor no impide el dolor.
¿La libertad?
¡Qué triste! la vida le da la razón a las palabras
y no las dejan ser hipérboles de duda.
Alguna vez dije que la libertad
existía sólo como concepto.
No sé entonces si el mundo estaba más cerca
de que los conceptos fueran realidades,
pero hoy parece que se aleja,
la ilusión de “libertad”, era un cristal
lejano al que pensábamos acercarnos.
Los caminantes fueron por él,
los más escépticos les miraron
y al ver que era un espejo,
escépticos conocieron la decepción
y caminantes se empeñaron a atravesarlo;
como Narciso, decidieron sumergirse y perderse
en el intento de poseer una ilusión.
Con Neruda
Con Neruda me acuerdo de ti…
inevitable pensarte con sus versos,
sentado en tu sillón preguntando
“¿en dónde están escondidos tus senos?”,
llamándome “fea” sin que nadie comprenda.
Te veo sirviéndome hielos en un vaso
que espera por el licor que tienes en los dedos.
Te veo sentado en el sillón en el que
solía sentarme muy cerca de ti,
en el que veíamos películas los viernes.
No puedo leer a Neruda sin pensar
en los siglos de poesía que nos dedicamos
en miradas de complicidad, en tu auto, en nuestro lugar…
No puedo leer a Neruda sin pensar en Borges,
en Hemingway y en Verlaine, en las novelas
que desvelaron nuestras noches y nuestra imaginación.
No puedo leerme en tus letras y no pensarte en las mías,
no podemos deslindarnos uno del otro.
Por lejos que me mires siempre estás en mí.
En tu lengua favorita mencionaste
“I will never stop loving you”
y en la misma respondí
“You will never stop being part of me”.
Y no quiere decir que no sepa decir
“yo también” o “yo tampoco”,
es que estamos en otra parte;
muy lejos del amor y muy lejos del olvido.