Vivo bajo el entendido de que nada me pertenece. Aquellas cosas tengo la oportunidad de percibir o con las que puedo compartir un instante y un espacio, se presentan frente a mí día a día y de alguna forma son parte de mi vida. Lo tomo como un regalo. En el fondo sé que nada es mío, ni siquiera mi pensamiento. Ayer dije que podemos abandonar los sueños pero ellos nos buscan y reencuentran, ¿pero, podemos llamar a aquellos sueños “nuestros”? si no están y si son (y somos) libres de dejarnos y olvidarnos…
Categories